Por qué tú que eres música, la escuchas con tristeza?, Shakespeare
Me quiere, no me quiere; me quiere, no me quiere; me quiere, no me quiere... y deshojar la margarita es el poema-juego de amor más fácil y universal que alguna vez ha rondado nuestras cabezas. Una búsqueda y una espera que los poetas han transformado en un arte de palabras que muchas veces parecen escritas para cada uno de nosotros. Poemas que desvelan nuestros sentimientos, que adivinan nuestros deseos, que presienten nuestras emociones o que nos ponen delante de nosotros mismos.
"Que yo siempre amé
yo te traigo la prueba
que hasta que amé
yo nunca viví -bastante",
Emily Dickinson.
Y todo esto a cuento de qué, dirán algunos, y yo digo: "Como si el amor necesitara algún pretexto". Y aunque no hace falta quiero llevar las vísperas del dichoso San Valentín a territorios literarios, de la poesía:
"Amor ha sacudido mis sentidos,
como el viento que arremete en el monte a la encinas".
Safo.
Grandes poetas, grandes escritores, grandes conocedores del ser humano nos han acompañado. Así es que los invito a que hagamos entre todos una antología con los versos o poemas de amor que más nos gustan, o señalan. El año pasado elegimos las mejores novelas de amor. Es el turno de la poesía que retrata el amor, su incertidumbre, su posesión, su ausencia, su alegría, su anhelo, su espera, su búsqueda, su lamento o su nostalgia. O todo.
"Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado".
Francisco de Quevedo.
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